El Regalo Que No Quisiera

Esta mañana estuve charlando con Eduardo en India, aunque eso de ‘charlar’ es un término ambiguo porque estuvimos también en Facebook al mismo tiempo y Eduardo me envió un mensaje diciéndome que mañana, el estará viajando 200 kilómetros para compartir un par de horas con 600 prisioneros y al final les regalará a cada uno de ellos, El Nuevo Testamento, edición de los Gedeones. Eduardo y yo nos conocemos mutuamente, porque aparte de su trabajo normal, regala Biblias gratis en lenguajes Asiáticos para computadoras y teléfonos móviles y también ofrece música Cristiana gratis en Hosanna incluso música hebrea. Para millones de personas, una Biblia propia es el equivalente a un mes de su salario y por eso es un sueño distante, pero hoy en día no saben vivir sin su teléfono móvil así que la solución es meter la palabra de Dios en el Nokia. Otro sitio favorito para conseguir Biblias gratis para móviles en muchos lenguajes y versiones es You Version. Sin saber antes que Edward era un Gedeón le dije que en 1977 empecé a seguir a Jesús debido a la lectura de un Nuevo Testamento de los Gedeones que me regaló Terry Carpenter, quien conociéndome como me conocía, no le sorprendía en cierta forma, mi carencia de gratitud. Aún somos amigos, de hecho la semana pasada fuimos juntos a visitar a un hombre a quien no había visto en 30 años. Terry le obsequió un Nuevo Testamento, como lo hizo conmigo y tuvo la paciencia para explicarle el evangelio. Este mayor sabía lo que me había pasado en 1977 y en adelante y asintió con la cabeza. Volviendo a la historia de Edward, me contestó que a lo largo de este año 2012, él ha repartido personalmente más de 32,000 Nuevos Testamentos, de los cuales 7,600 fueron para personas en prisión, y agregó, «He escuchado algunos testimonios pero nunca en mi vida uno como el de usted, donde un Nuevo Testamento impactara tanto a una persona, que ahora se dedica alcanzar a tantas más personas y naciones, ¡estoy asustado!» Para ser honesto, cuando pienso en esto, yo me siento igual. Ahora este puede no ser el regalo que ellos esperarían igual que yo no lo quise, pero porqué no ser un poco audaz y deslizar un Nuevo Testamento bajo el árbol navideño, uno para cada uno que todavía no cree, sonreír benévolamente, orar y ver qué sucede. Para mí era el comienzo de todo.

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